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La banda de Sabina salió de gira: el duelo por el retiro del jefe, su vínculo con Buenos Aires y el legado de sus canciones

La Banda Sabinera llega a Buenos Aires por primera vez sin Joaquín. Laura, Mara Barros y Antonio García de Diego, históricos músicos del cantautor español, hablaron con Filo.news del cierre de la gira "Hola y adiós", su historia con el jefe y del espectáculo que revive ese repertorio con fans arriba del escenario.

La banda de Sabina salió de gira: el duelo por el retiro del jefe, su vínculo con Buenos Aires y el legado de sus canciones

Después de más de cinco décadas de música, Joaquín Sabina se despidió a fines de noviembre de los escenarios, dejándo una extensa discografía con 18 álbumes y más de 200 canciones, que mezclan poesía urbana, noches largas y una sensibilidad que muchas veces dialoga con el tango. El legado del cantautor español ahora está sostenido por La Banda Sabinera, que está integrada por los músicos que lo acompañaron arriba del escenario y llega a Buenos Aires por primera vez sin "El Jefe", a casi un año de que comience el tour "Hola y Adiós" en la Argentina. 

Mara Barros, Jaime Asúa, Paco Beneyto, Laura Gómez Palma y Antonio García de Diego —músicos históricos del cantautor— llegaron a la Argentina con La Banda Sabinera, un proyecto que nació casi de manera natural cuando el propio Sabina descansaba de las giras. Con el tiempo, ese espacio paralelo se transformó en un espectáculo propio donde las canciones del repertorio sabinero se reinterpretan y, sobre todo, se celebran con el público.

En diálogo con Filo.news, Mara, Laura y Antonio repasaron cómo vivieron el cierre de la gira Hola y adiós, el retiro de Sabina de los escenarios, repasaron parte de su historia junto al cantautor y dieron algunas pistas de lo que será el show en el Teatro Coliseo.

Periodista: ¿Cómo nace La Banda Sabinera y cómo llegaron a este proyecto?

Mara Barros: Esto no empezó hace un par de décadas, yo llevaba ya 16 años trabajando con Joaquín y el proyecto ya existía, aunque antes se llamaba La Noche Sabinera. La idea siempre fue que cuando Joaquín descansaba, nosotros no. Seguíamos tocando sus canciones.

Esta es la primera vez que venimos a Argentina con la banda completa y con este nombre. Antes veníamos en formato trío o dúo, pero ahora somos los cinco miembros de la banda.

P: ¿Cómo los recibe Buenos Aires, una ciudad tan ligada a Sabina?

Antonio García de Diego: Siempre nos ha tratado muy bien. Estamos tan dentro del mundo sabinero de Buenos Aires que nos sentimos muy cómplices y cercanos. Todo es más fácil acá por el vínculo que hay con las canciones.

Yo siempre he dicho que Joaquín escribe muy tanguero. Parte de su obra tiene mucho que ver con el mundo del tango, con ese tono oscuro, melancólico. Y luego aquí está Laura, que es la representante porteña de la banda, así que somos cercanos.

P: ¿Cómo vivieron el cierre de la gira Hola y adiós y la despedida de Joaquín Sabina?

Mara Barros: Yo lo viví muy mal, muy triste. Me niego a asumirlo. Lo estoy asumiendo porque no me queda otra, pero es un duelo complicado. No solo como empleada suya, sino como admiradora. Me da muchísima pena que se retire de los escenarios.

Intenté disfrutar mucho esta gira precisamente por eso. Era un poco agridulce, sabiendo que nunca más íbamos a estar en ciertos lugares con Joaquín. 

Laura Gómez Palma: Había momentos de nostalgia anticipada, pero también de mucho disfrute, de pensar “bueno, ya que es la última vez”. Hubo conciertos muy especiales: el último en Buenos Aires, el último en México… Y el cierre final en Madrid, donde se grabó un directo. Fue raro, porque era el último de todo pero teníamos cámaras delante, no era exactamente el final que nos imaginábamos. Pero lo emotivo fue toda la gira.

Antonio García de Diego: Yo lo viví desde otra perspectiva, quizá por la edad. Tengo la misma edad que Joaquín y siempre me quise retirar con él. He tenido el privilegio de poder hacerlo. Habíamos ido masticando esto que iba a ocurrir durante un año. Marita en los primeros conciertos era La Magdalena, pobrecita la veíamos muy sentida. Yo quizá por la edad, pues sabía que esto iba a ocurrir, lo que pasa para mí todavía es más penoso porque sé que es la última vez. Esta gente son jóvenes. 

P: Pero estás acá.

Antonio García de Diego: No, estoy aquí, pero entiéndeme con Joaquín, digo. ¿Qué hará Joaquín a futuro? ¿Qué sabe nadie? Pero sí tengo la posibilidad de no sentirme tan viejo y me quiero sentir más joven junto a ellos en La Banda Sabinera. Entonces, aprovecho esto para sentirme más vivo y para hacer las canciones de Joaquín que son las que nos mueven a todos.

P: Estuvieron en muchas etapas de su carrera. ¿Cómo fueron aquellos años de composición y grabación?

Antonio García de Diego: Yo he vivido varias etapas de Joaquín. He vivido una etapa muy eufórica, nos movíamos en mundos muy especiales y la pasión que había con la que se componía, la curiosidad. 

Luego tuvimos la mala suerte de vivir el desastre de cuando tuvo el ictus -ACV-, que a partir de ahí nos encontramos con un Joaquín encerrado en sí mismo, que no quería hacer nada, que realmente era un esfuerzo que intentase cantar, dar una nota de cualquier canción y esa época fue muy difícil.

Hubo que reinventarse. No fue quizá el mejor Joaquín, ni nosotros los mejores compositores nosotros, pero lo sacamos adelante y poco a poco Joaquín fue tomando otro camino, con más ganas. Luego ya empezó a trabajar con Leiva, otro tipo de cosas. 

Ha sido una curva, un hoyo muy grande en la vida de Joaquín y obviamente en la nuestra. De hecho, estuvimos parados 3 años, donde parte de la banda estuvo tocando con otra gente, pues porque tenemos que trabajar. Pero afortunadamente luego tuvimos la suerte de poder encauzar y hacer que Joaquín tuviera una cierta ilusión. Después de esa época se grabaron canciones como Peces de Ciudad, ¿me entiendes?

Joaquín huía, nos ha llegado a dejar en el estudio, se fue a Madrid y no volvió. Nos quedamos allí cinco días sin saber nada. Han pasado cosas de ese tipo, ¿entiendes? Ha sido muy difícil en una etapa, pero afortunadamente hemos recuperado al Joaquín ya maduro y con una sabiduría enorme y hemos disfrutado de él.

P: Ahora que están girando con La Banda Sabinera, ¿qué se va a encontrar el público en el show?

Mara Barros: La fiesta es alrededor de las canciones de Joaquín, pero más allá de que nosotros interpretamos las canciones de "El Jefe", el aliciente real es el público. En la segunda parte del espectáculo invitamos a gente a subir al escenario a cantar con nosotros. Es como un karaoke en vivo: pueden sentirse Sabina por unos minutos, cantando acompañados por su propia banda. Y eso lo vuelve muy divertido.

P: ¿Cómo arman el repertorio? ¿Utilizan parte del setlist del cierre de la gira? 

Laura Gómez Palma: No, para nada. Hay canciones clásicas que siempre están, otras muy festivas que las dejamos para que el público las pueda elegir y también se rescatan muchas canciones viejas, que quizás Joaquín hace muchos años que no las toca. 

Antonio García de Diego: Nosotros elegimos el repertorio en función de nuestras posibles habilidades o gustos. También depende mucho del lugar donde toquemos. Si venimos a Buenos Aires, por ejemplo, siempre pensamos qué canción sería un guiño especial para esta ciudad. ¿Qué canción habría que cantar en Buenos Aires, Erika?

P: Dieguitos y Mafaldas, no puede faltar. 

P: Si tuvieran que elegir una canción del repertorio que más disfrutan cantar, ¿cuál sería?

Antonio García de Diego: Hay una que siento mucho, aunque ahora no la estoy cantando. "Amor se llama el juego", es una canción muy cruel, pero con un doloroso placer. Cuando la canto la presento como una canción dulcemente cruel.

Mara Barros: Me cuesta, porque me gustan muchas, pero disfruto especialmente “Peces de ciudad”. También “Y se amanece por fin”.

Laura Gómez Palma: Yo me divierto mucho con las más rockeras, pero también me emociono mucho con "Amor se llama el juego" y "Peces de Ciudad". También me encanta "La canción más hermosa del mundo", pero ahora no la estamos haciendo. El repertorio es enorme, es difícil elegir.

P: Pensando a futuro: ¿cómo creen que se recordará a Sabina dentro de veinte años?

Antonio García de Diego: Con la deriva que está llevando el mundo, se me hace un poco difícil pensar esos hipotéticos 20 años. Pero entiendo que Joaquín es atemporal. Su público es intergeneracional: en sus conciertos ves gente de 70 años y chicos de 20. Probablemente la inteligencia todavía esté acá en 20 años, no la artificial sino la sensitiva y que todavía se darán cuenta de que pasaban cosas muy emocionantes en una época determinada de que había gente que escribía como escribía como escribe Joaquín.

Laura Gómez Palma: Creo que el público de Joaquín es tan ultra sabinero que el propio público se va a encargar de transmitirlas. Es algo que pasa de generación en generación. Vos vas a un concierto de Joaquín y van abuelos, padres y nietos. Hay fans de 20 años que ya llevan tatuadas cosas en los brazos. Quiero creer que eso puede pasar a una generación más y que, como dijo Mara, las canciones de Sabina son atemporales y sobrevivirán mucho más. 

Mara Barros: Las canciones de Joaquín van a sobrevivir, no porque nos encarguemos nosotros, sino porque confío en que los medios continúen dándole espacio a las canciones de Joaquín en 20 años y que pasen de generación en generación. Pero sí es algo que me preocupa seriamente. Para los nietos de mis amigas, ¿quién será un clásico? ¿Sabes? Porque si para los hijos de mis amigas Sabina es un clásico, para los nietos, ¿quién será? A mí eso me me me preocupa profundamente, espero haber muerto. 

Lo que sí me preocupa es el momento de la industria musical, lo digo como solista también. Las nuevas generaciones hacen otro tipo de música y los medios no siempre dan espacio a los cantautores. 

Entre recuerdos de giras, reflexiones sobre el futuro de la música y la emoción por el final de una etapa, La Banda Sabinera llega al Teatro Coliseo de Buenos Aires para celebrar un cancionero que ya forma parte de la memoria colectiva.

Porque si algo quedó claro en la charla es que las canciones de Joaquín Sabina, como ellos mismos dicen, “se sostienen solas”. Y mientras haya alguien dispuesto a cantarlas —en un teatro o arriba de un escenario improvisado—, ese universo seguirá vivo.

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