La advertencia formulada por Trump hacia Irán, en la que planteó un eventual ataque de Estados Unidos si las fuerzas de seguridad reprimían con fuego a los manifestantes, activó una respuesta directa del gobierno de Teherán. En un contexto atravesado por protestas y tensiones diplomáticas, las autoridades iraníes fijaron posición frente a Washington y aseguraron que la situación interna se encuentra bajo control.
En ese marco, el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi, tomó la palabra durante una reunión informativa con embajadores extranjeros en Teherán y aseguró que el país no tiene intenciones de iniciar un conflicto, pero dejó en claro su postura frente a posibles escenarios. “Estamos listos para la guerra, pero también para el diálogo”, afirmó el funcionario, al tiempo que sostuvo que Irán “no busca la guerra, pero está totalmente preparado” para defenderse. En la misma línea, agregó que “también estamos preparados para negociar”, aunque subrayó que cualquier instancia de diálogo “debe ser justa, con igualdad de derechos y basadas en el respeto mutuo”.
Durante su exposición, Araqchi también abordó la situación interna derivada de las protestas y las medidas adoptadas por el gobierno. Según indicó, la violencia registrada en los últimos días se encuentra “bajo control total”, y anticipó que la conexión a internet “volverá pronto en coordinación con las autoridades de seguridad”. El país permanece sin acceso a la red mundial desde hace más de 96 horas, en un contexto de restricciones comunicacionales vinculadas a las manifestaciones.
Al referirse al origen y la naturaleza de las protestas, el canciller fue enfático al sostener que “no son simples protestas, sino una guerra terrorista y una prolongación de la agresión estadounidense e israelí”. De acuerdo con su explicación, grupos terroristas se habrían infiltrado en las movilizaciones con el objetivo de desvirtuarlas. En ese sentido, aseguró que el gobierno cuenta con imágenes que muestran la distribución de armas entre manifestantes y adelantó que se harán públicas confesiones de personas detenidas junto con pruebas que, según dijo, demostrarían la injerencia extranjera de Estados Unidos e Israel.
Según señaló, el 70 por ciento de la población considera que el origen de las protestas responde a imposiciones externas, mientras que el 30 por ciento las vincula a factores económicos. En paralelo, desde la cancillería iraní informaron que los canales de comunicación con Washington no se encuentran cerrados. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmaeil Baghaei, indicó que las comunicaciones entre Araqchi y el enviado especial de Estados Unidos, Steve Witkoff, siguen abiertas, al igual que los contactos que se mantienen a través de Suiza, intermediario tradicional entre ambos países.
En relación con el impacto de las protestas, el grupo de derechos humanos HRANA, con sede en Estados Unidos, informó que logró verificar la muerte de 490 manifestantes y 48 agentes de seguridad, además de más de 10.600 personas arrestadas. La organización advirtió que existen dificultades para confirmar las cifras debido a las limitaciones en el acceso a la información, en un escenario marcado por el apagón de internet que rige en Irán desde el jueves.