La historia detrás de los muebles que vuelven a vivir en el Mercado de Pulgas, que se está renovando
Desde hace casi tres décadas, trabaja con muebles y maderas que atraviesan generaciones. Su oficio consiste en recuperar piezas antiguas y devolverles su valor sin borrar las huellas de su historia.
Mientras Buenos Aires cambia, algunos de sus materiales más antiguos encuentran una segunda oportunidad. Ese es el trabajo que Abel Ramos realiza desde hace 29 años en el Mercado de Pulgas, donde recupera muebles, maderas y objetos que llegan desde demoliciones, remates y construcciones para transformarlos en nuevas piezas.
Abel llegó desde Perú a los 22 años con la intención de estudiar Agronomía. Un trabajo relacionado con la facultad lo llevó hasta el Mercado de Pulgas y aquel primer contacto terminó convirtiéndose en una historia que lleva casi tres décadas. "Prácticamente vivo acá. Me ha dado todo y la verdad que me encariñé tanto que a veces me siento impaciente en mi casa, como que me falta algo", cuenta.
Su oficio comenzó de manera casi casual. Mientras estudiaba por las mañanas, pasaba las tardes en el mercado y empezó a comprar sillas que encontraba en el lugar para restaurarlas. Las recibía pintadas, las limpiaba, las recuperaba y volvía a ponerlas en condiciones. Con los años, esa actividad se convirtió en una especialidad.
Hoy se dedica principalmente a los muebles de bar. En su puesto aparecen barras, mesas, banquetas y las clásicas sillas de bares y bodegones porteños, reconocibles por sus respaldos semicirculares. Cada objeto conserva parte de su historia, pero el trabajo de restauración permite adaptarlo a nuevos espacios sin perder sus características originales.
Para conseguir los materiales, Abel recorre demoliciones y mantiene contacto con arquitectos que encuentran madera durante las obras. Su trabajo se concentra especialmente en el lapacho y la pinotea, dos especies conocidas por su resistencia y durabilidad, pero cada vez más difíciles de conseguir debido a la escasa producción y al tiempo que necesitan para alcanzar una correcta maduración.
Por eso, gran parte de las piezas que utiliza proviene de construcciones antiguas y remates. "Es una madera que hace 25 años está de moda, que está estacionada, que no se parte y no se raja", explica. Recuperar esos materiales le permite trabajar con maderas que ya tienen décadas de historia y que, en lugar de terminar descartadas, pueden volver a formar parte de nuevos muebles.
El proceso también incluye objetos que tuvieron otros usos. Entre sus materiales aparecen herrajes provenientes del ferrocarril y distintos elementos que encuentra en sus recorridos. Incluso uno de sus trabajos más recientes nació de un casco vencido del Ejército argentino, que transformó en un velador.
La historia de Abel está estrechamente vinculada con la del propio Mercado de Pulgas. El edificio de Dorrego 1650 fue construido en la década de 1930 para funcionar como mercado de abasto de frutas y verduras. Después de quedar abandonado y en desuso, fue recuperado y en 1988 comenzó a funcionar como un espacio dedicado a las antigüedades, los objetos de segunda mano y las piezas que conservan parte de la memoria de la Ciudad.
El lugar rápidamente reunió a ebanistas, restauradores y coleccionistas y se convirtió en un punto de encuentro para vecinos y turistas. En 2005 atravesó un cierre que obligó a los puesteros a trasladarse, pero seis años después regresaron al edificio, que fue renovado y volvió a abrir sus puertas en 2011.
Ahora, el Mercado atraviesa una nueva etapa de transformación. Durante el último año se realizaron trabajos de renovación tanto en el exterior como en el interior del predio, con mejoras en los muros, las rejas, los cristales, los cielorrasos y la iluminación.
Y también tendrá un nuevo espacio verde. Frente al mercado, en la esquina de Enrique Martínez y Concepción Arenal, avanza la construcción de una plaza de más de 2.000 metros cuadrados sobre un antiguo playón de estacionamiento abandonado. El proyecto contempla la plantación de 50 árboles y la instalación de nuevas luminarias. Pero lo más interesante es la conexión del nuevo espacio con las plazas Mafalda y Clemente. “Estamos transformando un playón en desuso en un nuevo corredor verde que amplía todo lo que el mercado puede ofrecer. De eso se trata la evolución urbana: de cuidar el patrimonio histórico e impulsar el espacio público para que los vecinos disfruten una Ciudad cada vez más accesible y segura”, sostuvo el Jefe de Gobierno, Jorge Macri.
Para Abel, todos esos cambios forman parte de una transformación que también vio de cerca. Recuerda incendios, clausuras y distintas etapas del mercado, pero también celebra que el lugar se haya consolidado como un punto turístico y cultural de Buenos Aires. "Y cada vez se va mejorando más, se van haciendo cosas más lindas. Me gusta", sostiene.
Después de 29 años, su vínculo con el Mercado de Pulgas ya excede el trabajo. "Di toda mi vida por esto. Lo quiero tanto, lo cuidamos tanto y la verdad que es todo para mí, toda una vida", dice. Mientras el barrio y el mercado se transforman, Abel continúa con el mismo oficio que lo acompañó desde que llegó a Buenos Aires: recuperar maderas y objetos del pasado para que puedan seguir formando parte de nuevas historias.