El conflicto entre Irán e Israel volvió a escalar luego de que Teherán lanzara por primera vez el misil balístico Sejil contra territorio israelí. El proyectil, considerado uno de los más avanzados del arsenal iraní, forma parte de una nueva ofensiva en medio de la guerra que comenzó a fines de febrero con bombardeos israelíes y estadounidenses sobre objetivos iraníes.
El misil Sejil, también conocido como Ashura, tiene un alcance estimado de alrededor de 2.000 kilómetros y es capaz de impactar objetivos a larga distancia en la región. Su utilización en el actual conflicto representa una escalada militar significativa, ya que se trata de uno de los sistemas más poderosos desarrollados por Irán dentro de su programa de misiles balísticos.
En paralelo a los ataques, la Guardia Revolucionaria iraní lanzó una amenaza directa contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En un mensaje difundido por medios estatales iraníes, funcionarios militares afirmaron que perseguirán y matarán al líder israelí como represalia por los bombardeos contra territorio iraní.
La tensión se produce en el marco de un conflicto que ya incluye intercambios de misiles, drones y ataques aéreos entre ambos países. Según reportes militares israelíes, Irán ha lanzado cientos de misiles y drones desde el inicio de la guerra, mientras Israel continúa con bombardeos sobre infraestructura militar iraní y posiciones de grupos aliados en la región.
En los últimos días también se registraron ataques contra objetivos israelíes en distintas zonas del país, incluidos proyectiles dirigidos al sur y al centro del territorio. Aunque algunos fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea, el intercambio militar mantiene en alerta a la región y aumenta el riesgo de una guerra de mayor escala en Medio Oriente.
La guerra se desencadenó tras una operación militar israelí-estadounidense contra instalaciones iraníes y altos mandos del régimen, lo que provocó una cadena de represalias entre ambos países y sus aliados regionales. Desde entonces, la comunidad internacional observa con preocupación una escalada que podría desestabilizar aún más la seguridad y el suministro energético global.