Día Mundial de la Lucha contra la Depresión: ¿cómo afecta a los niños y adolescentes?
Según informó la Organización Mundial de la Salud (OMS), 1 de cada 7 personas de entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental.
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En el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, que se conmemora el 13 de enero, desde el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) advirtieron sobre el aumento de consultas y casos a edades tempranas.
“Hablamos de “depresión” como un ”estado” cuando es transitorio y su expresión es circunstancial, como un “cuadro depresivo” cuando las personas se manifiestan reactivas a un duelo u otro hecho o están pasando una situación particular, y hablamos específicamente de “trastorno depresivo” cuando nos referimos a un conjunto de signos o síntomas que no solamente afectan el estado de ánimo sino además varias áreas de la persona y perduran en el tiempo”, explicó la Dra. Silvia Ongini, Psiquiatra Infanto-Juvenil (MN 69.218) del hospital, a través de un comunicado de prensa.
“Los niños y los adolescentes (por la vulnerabilidad particular de la etapa vital que transitan) necesitan de ese adulto que esté al cuidado, sin invadir ni sobreproteger. Esta situación hoy no es tan frecuente y, por el contrario, se les da a los dispositivos digitales más lugar del que se debería”, afirmó Ongini.
A nivel local, en el mismo año el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires, dijo que hay más de una internación diaria de NNyA por riesgo suicida y que en más de un 90% se trata de adolescentes. Por su parte, en la División Pediatría del Hospital de Clínicas se registró un incremento de casi el 30% en las consultas por problemas de salud mental, que se presentan a edades cada vez más tempranas.
En tiempos de dispositivos digitales que brindan información a una velocidad nunca antes vista, la gran mayoría de pacientes, sobre todo adolescentes, llegan al consultorio luego de haber intentado encontrar su propio diagnóstico en buscadores y conversaciones con inteligencias artificiales, según refieren desde el Clínicas.
“Esto es preocupante porque además de mostrar que están buscando respuestas en un interlocutor que parece personalizado pero que en realidad no lo es, también señala de que falta un interlocutor presencial cercano que pueda darle algún tipo de respuesta”, agrega Ongini.
Respecto de los padres, entre un 50 a un 70% vienen con diagnósticos sugeridos por las redes o por la inteligencia artificial, estiman desde el hospital. Información inadecuada, sumada a mitos y al estigma en torno a la salud mental, hacen que muchas veces no se acuda a pedir ayuda adecuada y profesional cuando se notan estos signos o síntomas.
“Pedir ayuda a tiempo cambia destinos y en la actualidad tenemos herramientas para que un NNyA no tenga que atravesar profundos sufrimientos como son estos cuadros de depresión. Podemos darles ayuda para que puedan superarlos y no dejen secuelas o marcas en su trayectoria vital”, dice Ongini.
Las manifestaciones van a ser distintas de acuerdo a las edades en que se presenten. En los niños/as, según Ongini, “lo más frecuente no es verlos tirados/as en la cama como esperamos en un adulto, o con un desgano absoluto y una falta de motivaciones. Lo más probable es que estén irritables, tengan una baja tolerancia a la frustración y cualquier cosa los/as haga enojar o llorar o estén “con berrinche” (manifestación de un malestar)”.
“También pueden volverse impulsivos porque están desregulados emocionalmente, tener alteración del sueño, en el aprendizaje, cambios en el rendimiento escolar, dificultades para jugar, estar hiperactivos, tener alteraciones en la comida (comer mucho, aumentar de peso bruscamente, tener pérdida del apetito, hiperselectividad o cambios de conducta). Es importante tener en cuenta que no todos los chicos que están deprimidos van a estar tristes y puede ser que algunos chicos estén deprimidos y tristes”, agrega la especialista.
“Muchas veces las escuelas son las que convocan a los padres para decirles que ven que los chicos tienen crisis de llantos, poca tolerancia a la frustración o conflictos con sus pares, sobre los que después un profesional indaga y encuentra un cuadro depresivo o incluso ideación suicida. También muchas veces las consultas llegan porque los propios chicos piden ayuda de alguna manera a amigos y familiares de estos amigos, que son los que también informan a los padres sobre lo que está ocurriendo”, dice Ongini.
En el adolescente, en cambio, pueden haber otras manifestaciones. “Vamos a ver un repliegue, un ensimismamiento, cambios de gustos, hábitos, ciertos cambios incluso con respecto a los padres, a las figuras de cuidado. También puede presentar falta de motivación para hacer cosas, pérdida del interés o de disfrute en cosas que le gustaban. Esto se suma a todos los otros síntomas que puede manifestar, como cambios en el peso, en el sueño, en el estado de ánimo, un tono bajo”.
Entre las causas de depresión, Ongini menciona aspectos heredofamiliares que son predisponentes pero no necesariamente determinantes, estrés sostenido en el tiempo por múltiples factores (como separaciones abruptas, duelos; situaciones de maltrato como bullying, abuso sexual, acoso en redes sociales, entre otras formas), sensaciones de soledad, aislamiento, padecer alguna enfermedad y/o estar bajo tratamiento prolongado, situaciones de amenaza, carencias afectivas y/o económicas, y depresión de la madre durante el embarazo, entre otras “que van ‘gastando’ las defensas para poder tolerar la adversidad. Es importante poder detectar estos detonantes y pedir ayuda lo antes posible”.
¿Dónde pedir ayuda?
En Ciudad de Buenos Aires, en hospitales como el Clínicas de la UBA (Av. Córdoba 2351), Laura Bonaparte (que también cuenta con la línea 0800-999-0091), el Gutierrez y el Elizalde. También existe la línea gratuita y confidencial de atención telefónica Salud Mental Responde (0800-333-1665). En otros puntos del país, hospitales públicos cuentan con servicios especializados o pediatras y médicos clínicos que reciben a NNyA para una contención inicial y luego derivan a Psicoterapia y, de ser necesario, a Psiquiatría.