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David Garrett en el Gran Rex: Clásico y eléctrico

Virtuosismo, cercanía y un repertorio que une a Vivaldi con Rihanna: en el marco de su Millennium Symphony World Tour 2025, el cantante ofreció un espectáculo de alto impacto donde el violín fue el puente perfecto entre la música clásica y el pop global.

David Garrett en el Gran Rex: Clásico y eléctrico

David Garrett volvió a Buenos Aires con su Millennium Symphony World Tour 2025 y ofreció un show deslumbrante en el Teatro Gran Rex, donde fusionó con maestría música clásica, pop, rock y electrónica.

Con entradas agotadas, el violinista alemán demostró por qué es uno de los artistas crossover más convocantes del mundo, en una noche que emocionó tanto por su virtuosismo como por su derroche de hits.

Mientras caía la noche sobre Buenos Aires, el teatro se llenaba de fans de David Garrett —mezcla de fanáticos clásicos, melómanos curiosos y jóvenes amantes del pop—, que esperaban expectantes por un show que prometía ser único en su especie. Poco después de las 20 hs las luces bajaron y apareció David: jeans, zapatillas y su violín en mano. 

Desde los primeros acordes de “Seven Nation Army” de The White Stripes, Garrett deja en claro que esta no será una noche para estar quietos. El violín lidera, grita, improvisa. Enseguida enlaza con “Naughty Girl” de Beyoncé, donde se luce su banda de acompañamiento, y luego llega la contagiosa “Moves Like Jagger”, con guiños a lo funky y luces danzantes que transforman el teatro en pista de baile.

David presenta a los miembros de su banda antes de sumergirse en “Señorita” de Shawn Mendes & Camila Cabello. Las cuerdas se vuelven voz, ritmo, deseo. Luego vienen dos de los temas más coreados de la noche: “As It Was” de Harry Styles y “Dance Monkey”, con arreglos de tintes clásicos que lo acercan a Tchaikovsky sin perder la esencia pop.

Con “Take Me to Church” de Hozier, el clima se vuelve más introspectivo. La puesta se oscurece, el violín canta con dramatismo y el Gran Rex guarda un silencio reverente. Garrett introduce entonces “Wake Me Up” de Avicii. Ahí, el teatro salta, aplaude, celebra.

Uno de los grandes momentos llega con “The Joker and the Queen” de Ed Sheeran, creando una escena íntima y mágica. Le sigue una versión acústica de “Despacito” —que el público corea de memoria— y, sin previo aviso, irrumpe el dramatismo gótico de “Mein Herz Brennt” de Rammstein. El contraste impacta y emociona.

Para cuando irrumpe “Shape of You”, también de Sheeran, el público ya estaba fundido en un coro multitudinario acompañando con palmas. Después de una breve pausa, Garrett aparece de entre la audiencia, caminando desde el fondo con su arco LED encendido y ejecutando una versión potente de “Blinding Lights” de The Weekend. El teatro en pie. Le siguen “Russian Roulette” y “Survivor”, ambas con una energía cruda que eleva el show a nivel festival.

Uno de los momentos más inesperados fue “The Loneliest” de Måneskin, con los celulares del público en modo linterna generando un clima increíble. Enseguida llegó un combo potente: “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana y “Smooth Criminal” de Michael Jackson, donde la precisión técnica se volvió adrenalina pura.

El final oficial llegó con “Titanium” de David Guetta y Sia, y luego “Shake It Off” de Taylor Swift, que convirtió el teatro en un carnaval de cuerdas pop. Pero como en toda gran noche, todavía quedaba una joya: “Viva la Vida” de Coldplay sonó en versión extendida, con capas de violín superpuestas en vivo hasta formar una orquesta en un cierre simplemente magistral. 

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